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dc.contributor.advisorGarcía Marqués, Alfonso
dc.contributor.advisorCarbó García, Juan Ramón
dc.contributor.authorSerra Pérez, Manuel Alejandro
dc.date.accessioned2018-07-19T07:50:13Z
dc.date.available2018-07-19T07:50:13Z
dc.date.created2018
dc.date.issued2018
dc.date.submitted2018-06-29
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/10952/3378
dc.description.abstractLa historia del pensamiento filosófico es testigo de cómo el hombre se pregunta por el sentido de todo lo que le rodea, recurriendo a diversos paradigmas y puntos de vista. Más allá de todo lo particular existente en cada tradición filosófica, la pregunta que subyace siempre y está debajo de todo constructo ontológico es por qué el ser y no más bien la nada. Es el interrogante que le adjudican al filósofo Leibniz, y que el alemán Martin Heidegger recuperó con toda la fuerza posible. Si los siglos XVI hasta el XIX fueron testigos de lo que se ha venido conociendo como la «muerte de la metafísica», el siglo XX vio nacer, perplejo, el pensamiento de un filósofo, no perteneciente a una tradición religiosa, sino en plena inmersión en la filosofía del padre de la ontología occidental, el filósofo ateniense Aristóteles. Heidegger, para asombro de todos, fue el causante de que la vieja Europa, cansada de sí misma y de su propia criatura cultural, haya visto cómo, de repente, se volvía a la pregunta por el ser, trámite, como digo, de un filósofo que no partía de una tradición cristiana. El fruto del replanteamiento metafísico del Alemán fue un resurgir ontológico, especialmente de sus fuentes. Aquí encontramos a autores que se pusieron manos a la obra desempolvando los viejos escritos de pensadores insignes como santo Tomás de Aquino, olvidado por la sola acusación de que era más un teólogo que un filósofo. Uno de estos pensadores, casi contemporáneo nuestro, que conoció el pensamiento filosófico a través del racionalismo de Descartes pero que, en medio de su estudio, se encontró con santo Tomás fue Étienne Gilson, a quien hemos dedicado este estudio. Étienne Gilson, si bien vocacionado principalmente al estudio de la época medieval, fue madurando con el paso del tiempo, algunas ideas fundamentales del pensamiento tomista, el ser. Para Tomás de Aquino, en total entendimiento con la metafísica de Aristóteles, el ser es la substancia, aquello que con más razón se dice «ente». Pero, en el caso del Estagirita, la carencia de una cosmovisión «creacionista» le llevó a dejar sin explicar un problema fundamental, el origen de la materia y del ente como tal. Lo más perfecto que hay en la ontología tanto platónica como aristotélica es la substancia. La diferencia entre maestro y discípulo está en que, para el primero, la substancia es el «Eidos», la Idea, entendida como forma pura, separada, inteligible en sí misma e indemostrable. En cambio, para el Estagirita esta explicación no tenía fundamento en las cosas, por lo que se separó de esta escuela de pensamiento y formó su propio pensamiento. La substancia es lo que con más razón se dice «ser», y está compuesta de una materia actualizada por una forma. La forma es acto respecto de la materia, la cual es potencia en relación con aquella. Este esquema es impecable y explicaba con solvencia la estructura del ente concreto y real. Pero luego llegó el pensamiento cristiano y emergió la idea de una «creación de la nada», junto a una idea de Dios como ipsum Esse. De aquí nació una corriente de pensamiento que culminará, en su máxima cima, en la doctrina tomista del actus essendi. Dios es Acto Puro de Ser. De este modo, en la criatura, ser y esencia no se identifican como en Aquél, sino que se distingue con una distinción real. Étienne Gilson tratará, en plena emergencia metafísica, de recuperar lo más genuino del pensamiento santo Tomás de Aquino, poniendo de relieve cómo la propia escuela tomista oscureció la doctrina más importante de su maestro. Sin una recta comprensión del acto de ser no es posible comprender la existencia del mundo, de Dios ni de los seres finitos. Una de las virtualidades que ha tenido el tomismo de Gilson ha sido poner en contraste dos metafísicas que han sido las más importantes del pensamiento filosófico, la aristotélica y la tomista. Con el pensador Francés, ya no se debería hablar de metafísica «aristotélico-tomista», sino más bien de dos metafísicas netamente distintas, a pesar del reconocimiento de que la segunda comparte y parte en su base de la primera. Estos aspectos conforman el interés de este estudio, que se llama: Gilson: una interpretación del actus essendi de Tomás de Aquino.es
dc.language.isoeses
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional*
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/*
dc.subjectFilosofíaes
dc.subjectMetafísica y Ontologíaes
dc.titleGilson: una interpretación del actus essendi de Tomás de Aquino.es
dc.typedoctoralThesises
dc.rights.accessRightsopenAccesses
dc.description.disciplineCiencias Religiosases


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